DIMISIÓN DE SAN MARTÍN. “LA PRESENCIA DE UN MILITAR AFORTUNADO”
Apenas
instalado, convirtió el Congreso en decreto las palabras de su primer presidente,
declarando que “la soberanía reside esencialmente en la Nación y su ejercicio
en el Congreso que legítimamente la representa”. Aceptó la dimisión de San
Martín para colmarlo de honores y recompensas, entre ellas la de designarlo
“Fundador de la Libertad del Perú” y “Generalísimo de las Armas”, título este
último que San Martín aceptó, aunque no su ejercicio. En la proclama que San
Martín lanzó ese día (pero que los peruanos solo conocieron después de su viaje
al extranjero) incluyó las siguientes famosas palabras: “La presencia de un
militar afortunado, por más desprendimiento que tenga, es temible a los Estados
que de nuevo se constituyen. Por otra parte, ya estoy aburrido de oír decir que
quiero hacerme soberano. Sin embargo, estaré pronto a hacer el último
sacrificio por la libertad del país, pero en clase de simple particular y no
más. En cuanto a mi conducta pública mis compatriotas, como en lo general de
las cosas, dividirán sus opiniones: los hijos de estos darán el verdadero
fallo. Peruanos: os dejo establecida la representación nacional; si depositáis
en ella una entera confianza, cantad el triunfo, si no la anarquía os va a
devorar. Que el acierto presida a vuestros destinos; y que estos os colmen de
felicidad y paz”. Retirado a la casa de campo de la Magdalena, montó a caballo
esa misma noche, seguido de su asistente y de una pequeña escolta, tomó la ruta
entre Callao y Lima, que iba hacia Ancón. Allí se embarcó a las dos de la
mañana del 22 de setiembre en el bergantín Belgrano rumbo a Valparaíso.
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