EL SIGNIFICADO DEL MOTÍN DE BALCONCILLO
El
motín de Balconcillo fue el primer choque que hubo en el Perú entre el
militarismo y el caudillaje de un lado y el utopismo parlamentario de otro.
Aunque el Congreso prosiguió en sus labores, quedó mediatizado; y, con el
pretexto de su salud averiada, Luna Pizarro se expatrió, como ya se ha dicho,
con otros doctrinarios que protestaron contra la forma como fue arrancada la
disolución de la Junta. Había, pues, entonces, en la vida peruana, dos grandes
fuerzas: la realista o española y la separatista o patriota. Dentro de esta
última, coexistían varios grupos. Al principio, ellos se habían reducido a dos:
sanmartinianos, algunos de los cuales eran monarquistas, y republicanos
liberales. Luego, deshecha la ilusión monárquica, acorde y unida ya la opinión
en favor de la República, se definieron, de un lado, la corriente liberal
parlamentaria; y de otro la corriente caudillesca de Riva Agüero, para llegar a
la Presidencia violentando al Congreso con el apoyo del ejército. Dentro de la
corriente liberal, en cambio, la figura representativa fue Luna Pizarro. Había
sido Luna Pizarro, opuesto al monarquismo de San Martín. También se definió como
hostil a Riva Agüero y, por lo tanto, se mantuvo ajeno a las negociaciones que,
poco después, el caudillo limeño inició con los españoles para ir a un Perú
independiente, pero de base política y militar española. Más tarde había de ser
asimismo opuesto a Bolívar y a su proyecto de la Confederación de los Andes. La
idea de un Perú democrático y soberano, libre y progresista, sin predominio de
argentinos, españoles, ni colombianos, está encarnada en Luna Pizarro.
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