LUNA PIZARRO Y SÁNCHEZ CARRIÓN
El primer presidente del Congreso
fue Francisco Javier de Luna Pizarro y los primeros secretarios, José Faustino
Sánchez Carrión y Francisco Javier Mariátegui. Luna Pizarro manejó al Congreso
hasta febrero de 1823. Nació en Arequipa el 3 de diciembre de 1780. Huérfano y
sin recursos, entró al Seminario Conciliar de San Jerónimo de Arequipa a la edad
de 11 años, costeando su carrera de estudios y grados el obispo Pedro José
Chávez de la Rosa. Las licenciaturas en Leyes, Sagrados Cánones y Sagrada
Teología le fueron conferidas en la Universidad del Cuzco. Sacerdote de
profesión, fue, al mismo tiempo, abogado en Arequipa y profesor en el Seminario
donde estudió. Allí tuvo a su cargo la docencia de Filosofía Moral, Física y
Matemáticas. Una relación de sus méritos fechada en Sevilla en 1809 lo menciona
como “el primero que enseñó públicamente en Arequipa las ciencias exactas y el
que estimuló a los jóvenes a que se dedicasen a ellas”. En 1806 ocupó la
prosecretaría del obispado en Arequipa y desde 1807, los cargos de vicerrector
y prefecto de estudios del Seminario, en cuyas aulas contose entre sus alumnos
Francisco de Paula González Vigil. Chávez de la Rosa había tenido a Luna
Pizarro como secretario y familiar; y, cuando el prelado se dirigió a España en
1809, el antiguo discípulo y protegido fue el único sacerdote que se manifestó
dispuesto a viajar en su compañía. En España llegó a ser nombrado capellán del
Consejo de Indias y examinador sinodal del obispado de Sigüenza. Permaneció en
la metrópoli entre 1809 y 1811 y observó de cerca el funcionamiento de las
Cortes, lo cual le sirvió luego para su carrera parlamentaria, al poder dar
reglas a sus inexpertos colegas. De regreso al Perú, ocupó los cargos de medio
racionero y racionero en el coro metropolitano de Lima y secretario del cabildo
eclesiástico. En 1819 optó los grados de licenciado y doctor en la Facultad de
Teología de la Universidad de San Marcos. Ese mismo año llegó a ser nombrado
rector del Colegio de San Fernando. Su arenga laudatoria de Fernando VII en
1820, utilizada en su contra más tarde por algunos enemigos, tiene la
circunstancia atenuante de la posición oficial que tenía y de la esperanza
albergadas ese año en el restablecimiento de la Constitución de Cádiz por
quienes buscaban un cambio en el sistema político imperante. Se ha dicho que
estableció contactos secretos con el ejército de San Martín. En los debates que
surgieron en la Sociedad Patriótica sostuvo el derecho a la discrepancia cuando
José Ignacio Moreno hizo el elogio de la monarquía; sin que llegara a refutar
luego las ideas de este. El arzobispo Las Heras lo nombró miembro de la Junta
de Purificación que debía informar sobre la conducta política de los clérigos;
y San Martín le hizo integrar la Junta Censora y la comisión que debía preparar
el proyecto de elecciones para diputados en el Congreso Constituyente. Sánchez
Carrión, siete años más joven que Luna Pizarro (nació el 13 de febrero de 1787
en Huamachuco), fue alumno, a la vez, turbulento y estudioso en el colegio
limeño de San Carlos y se había distinguido como orador vehemente, poeta y
abogado en los largos años de las agitaciones precursoras de la revolución.
Estaba confinado en el pueblecito de Sayán cuando San Martín entró a Lima; y
desde allí mandó una “Carta” con el seudónimo “El Solitario de Sayán”,
defendiendo a la República y atacando a la monarquía. En la segunda carta
propugnó el régimen federal. De Monteagudo, el ministro monárquico de San
Martín, le separó un odio profundo y prolongado hasta la muerte.
No obstante, la identidad de sus
convicciones, entre los dos tribunos del Congreso Constituyente existían
notables diferencias. El uno había sido cauto en la época virreinal; el otro,
perseguido. Mientras el primero parecía estar premunido de la ductilidad del
hombre que ha vivido y viajado, en el segundo se mantenía latente la llama de
sus revoltosos años de estudiante en San Carlos. Y así fue también como, en el
Congreso, Luna actuó mientras Sánchez Carrión habló; Luna dirigió los
conciliábulos mientras Sánchez Carrión entusiasmó a los auditorios; Luna fue su
primer presidente y Sánchez Carrión su primer secretario. Pero más tarde la
posición de ambos próceres cambió. Luna se alejó del Congreso por razones
principistas. Sánchez Carrión siguió en su escaño, se apartó de las actitudes
rígidas, contribuyendo a abrir paso al experimento de Riva Agüero, a la venida
de Bolívar ya la Dictadura y, por fin, fue el redactor principal de la
Constitución y el organizador de la victoria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario