LA OCUPACIÓN DEL EJECUTIVO POR EL LEGISLATIVO
Una
vez producida la retirada de San Martín, Mariano José de Arce presentó y fue
aprobada (con la oposición de Sánchez Carrión, Mariátegui, Rodríguez de
Mendoza, Pedemonte, Olmedo, Pérez de Tudela y otros) una proposición según la
cual “como quiera que el Congreso debe retener cuanta autoridad sea dable para
hacer cumplir sus determinaciones y corriendo el riesgo de que un Poder
Ejecutivo extraño, aislado y separado de él, aunque hechura suya, le pueda
formar partido de oposición”, era necesario que “el Congreso conserve el Poder
Ejecutivo”. ¿Cuántas personas debían “administrar” ¿el Poder Ejecutivo retenido
así “hasta la promulgación de la Constitución o antes, si alguna circunstancia
lo exigiere” a juicio del Parlamento? Había partidarios de dar el poder a
Riva-Agüero o a La Mar; pero se decidió entregarlo a una comisión de tres
diputados. ‘’Tres no se unen para oprimir”, expresó José Faustino Sánchez
Carrión. “El gobierno de uno es más activo y eficaz si gobernar es tratar a la
raza humana como a las bestias”. Y agregó: ”La libertad es mi ídolo y lo es del
pueblo. Sin ella no quiero nada: la presencia de uno solo en el mando me ofrece
la imagen de rey, de esa palabra que significa herencia de la tiranía... “. Así
fue como quedó constituido el equipo de tres diputados que recibió el nombre de
Junta Gubernativa del Perú. Los elegidos quedaban separados del Congreso,
autorizados para volver a su seno, absuelta que fuese su comisión y terminado
el correspondiente juicio de residencia. En los negocios diplomáticos y
cualquier otro considerado como arduo, consultarían a la Asamblea. El primer
nombramiento que constitucionalmente se hiciere para administrar el Poder
Ejecutivo en forma permanente, no podría recaer en ninguna de las personas de
la Junta Gubernativa. Quedó ella formada por José de la Mar, Manuel Salazar y
Baquíjano y Felipe Antonio Alvarado. La Mar era un militar distinguido, con
títulos y merecimientos reconocidos en el ejército y por el Gobierno de España,
al punto de habérsele confiado, durante la primera etapa de la guerra de la
Independencia, los cargos de Inspector General y comandante del Callao, que
pudieron llevarlo a ocupar el cargo de Virrey cuando el ejército depuso a
Pezuela. Sus virtudes privadas, su desapego a las voluptuosidades del poder y
su cordial amistad con Luna Pizarro, lo exhibían como persona poco peligrosa
para los propósitos del Congreso. Era natural de Cuenca y ostentó la
representación de Puno. Alvarado había nacido en Salta, Argentina, y ejercía la
diputación por Lima, ciudad de la que había sido alcalde y donde se destacaba
en la vida comercial. En verdad, su mayor merecimiento para la elección, era su
parentesco cercano con el general en jefe del ejército libertador, que iba a
alcanzar pronto triste nombradía en la primera campaña de Intermedios. Salazar
y Baquíjano, a quien en los primeros documentos del Congreso se dio todavía el
título de conde de Vista Florida, había sido elegido por Huaylas; y
representaba, por su nacimiento y sus riquezas, a la nobleza tradicional, más
que a méritos propios. De la Junta dijo Bolívar a Santander en su carta de 11
de octubre de 1822: “La Mar es el mejor hombre del mundo, porque es tan buen
militar como hombre civil. Es lo mejor que conozco; pero la composición de ese
gobierno es mala, porque el Congreso es el que manda y el triunvirato es el que
ejecuta, es decir, que va a haber una mano para obrar y veinte cabezas para
deliberar; ya preveo funestísimas consecuencias de un principio tan vicioso”.
En efecto, la formación de la Junta constituyó un error. El mundo de las ideas
en el que vivían los doctrinarios del Congreso no correspondió al mundo de los
acontecimientos; lo que para ellos era el mundo de las verdades no abarcó el
mundo de los hechos. La tarea fundamental del gobierno independiente consistía
en terminar la guerra con los ejércitos del Virrey y a ello no contribuía el
nombramiento de tres personas importantes. En el encabezamiento de sus decretos,
la Junta adoptó el siguiente título: “La Suprema Junta Gubernativa del Perú,
comisionada por el Soberano Congreso Constituyente”. La frase “Soberano
Congreso” fue usada oficialmente hasta 1824.
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