LOS PRIMEROS GRUPOS POLÍTICOS EN EL PERÚ
Bandos
políticos habíanse diseñado entre la nobleza peruana después de 1810. En un
extremo estuvieron los partidarios del antiguo régimen, absolutistas o
reaccionarios, o sea los enemigos, declarados o encubiertos, de la Constitución
que emanó de las Cortes, reunidas en la isla de León en 1810, Y trasladadas a
Cádiz en 1811 para clausurar sus labores en 1813, después de promulgar dicha
Carta política en 1812.
Formaron
el otro extremo los partidarios de la independencia irrestricta e inmediata,
cuyo número fue al principio escaso en esa clase social y cuyos jefes vinieron
a ser José de la Riva-Agüero y el conde de la Vega del Ren. Y en el medio se
colocaron los que pensaron en diversas formas conciliadoras, de tipo monárquico
constitucional, reformistas frente al Virreinato tradicional, pero
conservadores frente a quienes querían romper el ligamen con la metrópoli.
Oscilaron estas fórmulas de la “tercera posición” desde la lisa y llana
vigencia de la Constitución de Cádiz bajo el reinado de Fernando VII, obediente
a ella, hasta la búsqueda de un nuevo monarca, también constitucional, que
algunos pensaron pudiese ser la infanta Carlota Joaquina, u otros personajes de
la familia real de los Borbones, o, según se dice, hasta el propio virrey
Abascal. Ninguno de tales sueños maduró en la realidad. Fernando VII fue el
único monarca proclamado en América, como en España. Y cuando volvió, en 1814,
del cautiverio en el que le había retenido Napoleón, Fernando VII echó a un
lado la Constitución y se proclamó monarca absoluto, como si escuchara al
pueblo que gritaba “¡Vivan las cadenas!”. La guerra de la independencia
americana tomó el curso de una contienda áspera entre el antiguo régimen
español sin concesiones reformistas y los partidarios de la independencia. Al
llegar San Martín al Perú las tendencias intermedias pudieron parecer nuevamente
poderosas. En la conferencia de Punchauca, San Martín insinuó la idea de la
independencia del Perú a base de la reconciliación con los españoles, mediante
una monarquía constitucional con un príncipe de esa nacionalidad. Unanue llegó
a aprobar entonces esta solución agregando: “Yo no era el único que pensaba así
por el bien mismo del Perú”. El Virrey y sus generales la rechazaron y San
Martín entró a Lima, proclamó la independencia y estableció el Protectorado.
Pero todavía la “tercera solución” continuó viva. Su variante estuvo en la
búsqueda que San Martín inició en Europa de un príncipe no español o al margen
de la aquiescencia del gobierno de ese país. Los republicanos o liberales”
ganaron un triunfo tumultuario con la deposición del ministro Bernardo
Monteagudo y un triunfo oratorio en el debate de la Sociedad Patriótica. Al
retirarse San Martín quedaron dueños de la situación, pues dominaron en el
Congreso Constituyente. Fue una nueva victoria suya.
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