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    viernes, 24 de noviembre de 2023

    El primer presidente del Perú

    EL PRIMER PRESIDENTE DEL PERÚ

    Los diputados Francisco Javier Mariátegui, Francisco Javier de Luna Pizarro, Manuel Ferreyros, Manuel Antonio Colmenares y Rafael Ramírez de Arellano, pidieron, en la sesión del 27 de febrero, en que se leyó este segundo escrito, que el Congreso no procediese a tomar resolución por la falta de libertad en que se encontraba. El diputado Carlos Pedemonte opinó que la Junta Gubernativa había perdido toda autoridad; si bien coincidió en que el Congreso se hallaba coactado para proceder a una libre elección. En cambio, los diputados Martín de Ostolaza, Julián Morales, Antonio Rodríguez, José Rafael Miranda, Alfonso Cárdenas, Tiburcio José de la Hermosa, solicitaron un voto favorable a la solicitud de los jefes militares. Unanue presentó una proposición con tres artículos: El ejército se retiraría inmediatamente a sus cuarteles; cesaría la Junta Gubernativa; se encargaría interinamente del Poder Ejecutivo al jefe de mayor graduación, hasta que el Congreso llegase a un acuerdo. Esta moción fue aprobada. Pero Luna Pizarro dejó constancia, en un voto escrito, que no tenía libertad bastante para deliberar y protestó contra toda violencia o miedo grave. Se adhirieron a su protesta más de quince diputados; entre ellos, Mariano José de Arce, quien declaró que en esos momentos era “un simulacro de representante del Perú” y el “Congreso un simulacro”. Aquella misma noche prestó juramento el jefe de mayor graduación, don José Bernardo de Tagle. En la sesión siguiente, el 28 de febrero, el Congreso mandó un oficio al gobierno ordenando que fuera puesto en libertad el general La Mar, arrestado en su domicilio por orden de los jefes militares; y escuchó una exposición verbal de Santa Cruz donde dijo que acataba al Congreso pero que, si no se elegía a Riva-Agüero, él y los demás jefes renunciarían a sus cargos y se marcharían del país. A Carlos Pedemonte estas palabras le parecieron lo suficientemente explícitas como para decidir su voto favorable a la petición del ejército. Sánchez Carrión ocupó la tribuna para afirmar que, entre el licenciamiento de la fuerza armada, señal del fracaso de la Independencia, y la aceptación de su demanda, convenía que el Congreso se decidiera por el menor mal. No perteneció, pues, al grupo de los exaltados. Unanue elogió los méritos de Riva Agüero, que eran, a su juicio, el verdadero motivo de su inminente elección. Pérez de Tudela pidió la elección inmediata y culpó la violencia verbal prodigada en la sesión anterior, como la causa de algunos excesos del ejército. Llegado el momento de votar, Riva-Agüero fue elegido por los sufragios de los treinta y dos diputados presentes, a los que se agregaron luego cinco más. Los diputados eran setenta. No fueron señaladas las atribuciones del presidente ni la duración de su mandato. El Congreso, pues, se dividió en tres facciones: los puritanos o recalcitrantes encabezados por Luna Pizarro, Arce y otros, algunos de los cuales no asistieron ya a las sesiones, si bien quedó siempre un grupo que después actuó intensamente contra Riva-Agüero; los riva-agüerinos, auténticos o genuinos; y los relativistas como Sánchez Carrión, dispuestos a optar por “el menor mal”, a hacer la prueba. El primer presidente del Perú, José de la Riva-Agüero y Sánchez Boquete, nació en Lima el 3 de mayo de 1793. Pertenecía a antiguas y nobilísimas familias del Perú y España. A este país viajó para concluir su educación juvenil e ingresar en la carrera naval. Contrarió a su familia, cuando la interrumpió y abandonó, al mismo tiempo, sus estudios para hacer un dilatado viaje de paseo por Francia. Una carta oficial que dirigió al ministro inglés Canning, siendo presidente, y que existe en el Record Office (D61/1) dice: “Una casualidad feliz me proporcionó el año 1808 a hacer uno y otro servicio en España a favor de la Gran Bretaña, en tiempos en que ambas naciones se hallaban en guerra. La estimación que merecía yo en París de algunas personas de la comitiva de Napoleón y la confianza que se me hacía por aquel Gabinete para que yo trazase las medidas de dominación en América por parte de la Francia, en el referido año de 1808, me hicieron solicitar a Mr. Campbell, que entonces residía en Cádiz, para que me comunicase a la corte de Londres los planes más reservados de Bonaparte con respecto de Europa y América. Así es que se verificó después cuanto expuse a Mr. Campbell y este dirigió a su Corte. Siempre había conservado yo mucha adhesión a la nación británica y en aquella época manifesté por conducto del señor Campbell como que era el órgano más seguro para comunicarse con el americano. V.E. podrá recordar que por este señor se avisó en mayo de 1808 las disposiciones del Emperador Napoleón con respecto a España y que entonces dirigí yo a usted unos apuntes acerca de lo conveniente que sería separar la América haciéndola independiente. Como nos hallábamos en guerra con la Inglaterra era muy peligroso escribir por sí mismo y mucho más el dirigirse a V.E.: así tomé el partido de desfigurar la letra y firmarme con el nombre de Huáscar”. Regresó Riva-Agüero a Madrid poco antes de la guerra de independencia contra la invasión francesa y tomó parte en algunos encuentros al iniciarse aquella contienda. Ante la noticia de la muerte de su padre, volvió al Perú por la vía de Buenos Aires en 1809. En Montevideo fue apresado por corto tiempo por orden del gobernador Elío, por sospechoso; en Buenos Aires tuvo que escaparse ocultamente, pues se le iba a obligar a regresar a España; algo análogo ocurriole en Mendoza. Radicado en Lima, estuvo bajo constante vigilancia y, a veces, hasta perseguido; y lo salvó la intervención de poderosos parientes y amigos. Ingresó en el Tribunal Mayor de Cuentas como contador y juez del ramo de suertes y loterías en Cádiz, en 1813, publicó un folleto anónimo sobre su desorden. Destituido y enjuiciado por haberse interceptado unas comunicaciones que dirigía a San Martín, fue confinado en Tarma, en la región andina. Era ya entonces el agente secreto de las juntas separatistas de Buenos Aires y Chile y dirigía la Logia de Lima que funcionaba en su casa o en la del conde de la Vega del Ren. En 1816 escribió el folleto Manifestación histórica y política de la Revolución de América, publicado anónimamente en Buenos Aires en 1818 y conocido con el nombre del folleto de las “veintiocho causas”. De 1820 es su folleto Origen de que los mandones y tiranos del Perú me consideren enemigo de ellos. Toda la actividad de Riva-Agüero y de otros conspiradores no pudo alterar el hecho de que, como el Perú era el centro del poder español en América del Sur, no solo resultó el baluarte de la resistencia colonial, sino suplió a la metrópoli mientras esta no podía atender a la defensa de ultramar, al proporcionar las fuerzas que dominaron, durante un tiempo, los estallidos subversivos en los países vecinos. El plan de campaña que San Martín siguió en la expedición libertadora le fue enviado por Riva-Agüero. Entonces este fue juzgado por un consejo de guerra de oficiales generales que presidió el general La Serna. Mediante diversos medios persuasivos, Riva-Agüero introdujo la deserción en las tropas realistas; y a muchos de los desertores hacía conducir por sendas extraviadas, hasta lograr incorporarlos a las guerrillas de los independientes; algunos refugiábanse en sus haciendas para ser luego habilitados y conducidos sin riesgo. Además, estuvo conectado con numerosos agentes, aun en los centros mismos del gobierno español. Frecuentes fueron los avisos que dio durante la campaña alrededor de Lima a San Martín y a los jefes de guerrillas; ellos ayudaron a llevar al desastre a la división Ricafort y a la expedición del Virrey a Pasco, y a frustrar la sorpresa del general español Valdés desde Aznapuquio, cuando San Martín estaba en Retes. Contribuyó también a producir la división y el desacuerdo entre los propios generales españoles e introdujo en el cuartel general y en el ejército espías dobles. Presidente (o sea prefecto) del Departamento de Lima durante el gobierno de San Martín, fue Riva-Agüero enemigo del ministro Monteagudo, de quien se creía perseguido. Unió sus fuerzas a las de los republicanos doctrinarios y el 25 de julio de 1822 se produjo un motín en la capital, para pedir la deposición de Monteagudo, ante la noticia de que iban a realizarse nuevos destierros con el fin de fraguar impunemente las elecciones de diputados del Congreso ya convocadas. San Martín estaba ausente, pues había ido a Guayaquil para celebrar su célebre entrevista con Bolívar; y el gobernante interino, marqués de Torre Tagle, accedió a la deposición. Luego, el 30 de julio, convino en la expatriación del ministro. Riva-Agüero publicó el folleto Lima justificada en el suceso del 25 de julio, con motivo de estos acontecimientos. El suceso del 25 de julio señaló, pues, la primera victoria de los republicanos; pero fue el fruto de una coalición entre ellos, Riva-Agüero y dispersos elementos enemistados con Monteagudo por sus medidas contra los españoles, por su arrogancia o por sus costumbres libertinas. Eventual había sido esta coalición entre Riva-Agüero y los republicanos. Cuando, poco después de la caída de Monteagudo, se retiró San Martín del Perú, el inquieto caudillo limeño no quedó satisfecho con la acción (o, mejor dicho, la inacción) del Congreso y de su fantasmagórica Junta, y logró finalmente la Presidencia.

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