EL PRIMER PRESIDENTE DEL PERÚ
Los
diputados Francisco Javier Mariátegui, Francisco Javier de Luna Pizarro, Manuel
Ferreyros, Manuel Antonio Colmenares y Rafael Ramírez de Arellano, pidieron, en
la sesión del 27 de febrero, en que se leyó este segundo escrito, que el
Congreso no procediese a tomar resolución por la falta de libertad en que se
encontraba. El diputado Carlos Pedemonte opinó que la Junta Gubernativa había
perdido toda autoridad; si bien coincidió en que el Congreso se hallaba
coactado para proceder a una libre elección. En cambio, los diputados Martín de
Ostolaza, Julián Morales, Antonio Rodríguez, José Rafael Miranda, Alfonso
Cárdenas, Tiburcio José de la Hermosa, solicitaron un voto favorable a la
solicitud de los jefes militares. Unanue presentó una proposición con tres
artículos: El ejército se retiraría inmediatamente a sus cuarteles; cesaría la
Junta Gubernativa; se encargaría interinamente del Poder Ejecutivo al jefe de
mayor graduación, hasta que el Congreso llegase a un acuerdo. Esta moción fue
aprobada. Pero Luna Pizarro dejó constancia, en un voto escrito, que no tenía
libertad bastante para deliberar y protestó contra toda violencia o miedo
grave. Se adhirieron a su protesta más de quince diputados; entre ellos,
Mariano José de Arce, quien declaró que en esos momentos era “un simulacro de
representante del Perú” y el “Congreso un simulacro”. Aquella misma noche
prestó juramento el jefe de mayor graduación, don José Bernardo de Tagle. En la
sesión siguiente, el 28 de febrero, el Congreso mandó un oficio al gobierno
ordenando que fuera puesto en libertad el general La Mar, arrestado en su
domicilio por orden de los jefes militares; y escuchó una exposición verbal de
Santa Cruz donde dijo que acataba al Congreso pero que, si no se elegía a
Riva-Agüero, él y los demás jefes renunciarían a sus cargos y se marcharían del
país. A Carlos Pedemonte estas palabras le parecieron lo suficientemente
explícitas como para decidir su voto favorable a la petición del ejército.
Sánchez Carrión ocupó la tribuna para afirmar que, entre el licenciamiento de
la fuerza armada, señal del fracaso de la Independencia, y la aceptación de su
demanda, convenía que el Congreso se decidiera por el menor mal. No perteneció,
pues, al grupo de los exaltados. Unanue elogió los méritos de Riva Agüero, que
eran, a su juicio, el verdadero motivo de su inminente elección. Pérez de
Tudela pidió la elección inmediata y culpó la violencia verbal prodigada en la
sesión anterior, como la causa de algunos excesos del ejército. Llegado el
momento de votar, Riva-Agüero fue elegido por los sufragios de los treinta y
dos diputados presentes, a los que se agregaron luego cinco más. Los diputados
eran setenta. No fueron señaladas las atribuciones del presidente ni la
duración de su mandato. El Congreso, pues, se dividió en tres facciones: los
puritanos o recalcitrantes encabezados por Luna Pizarro, Arce y otros, algunos
de los cuales no asistieron ya a las sesiones, si bien quedó siempre un grupo
que después actuó intensamente contra Riva-Agüero; los riva-agüerinos,
auténticos o genuinos; y los relativistas como Sánchez Carrión, dispuestos a
optar por “el menor mal”, a hacer la prueba. El primer presidente del Perú,
José de la Riva-Agüero y Sánchez Boquete, nació en Lima el 3 de mayo de 1793.
Pertenecía a antiguas y nobilísimas familias del Perú y España. A este país
viajó para concluir su educación juvenil e ingresar en la carrera naval.
Contrarió a su familia, cuando la interrumpió y abandonó, al mismo tiempo, sus
estudios para hacer un dilatado viaje de paseo por Francia. Una carta oficial
que dirigió al ministro inglés Canning, siendo presidente, y que existe en el
Record Office (D61/1) dice: “Una casualidad feliz me proporcionó el año 1808 a
hacer uno y otro servicio en España a favor de la Gran Bretaña, en tiempos en
que ambas naciones se hallaban en guerra. La estimación que merecía yo en París
de algunas personas de la comitiva de Napoleón y la confianza que se me hacía
por aquel Gabinete para que yo trazase las medidas de dominación en América por
parte de la Francia, en el referido año de 1808, me hicieron solicitar a Mr.
Campbell, que entonces residía en Cádiz, para que me comunicase a la corte de
Londres los planes más reservados de Bonaparte con respecto de Europa y
América. Así es que se verificó después cuanto expuse a Mr. Campbell y este
dirigió a su Corte. Siempre había conservado yo mucha adhesión a la nación
británica y en aquella época manifesté por conducto del señor Campbell como que
era el órgano más seguro para comunicarse con el americano. V.E. podrá recordar
que por este señor se avisó en mayo de 1808 las disposiciones del Emperador
Napoleón con respecto a España y que entonces dirigí yo a usted unos apuntes
acerca de lo conveniente que sería separar la América haciéndola independiente.
Como nos hallábamos en guerra con la Inglaterra era muy peligroso escribir por
sí mismo y mucho más el dirigirse a V.E.: así tomé el partido de desfigurar la
letra y firmarme con el nombre de Huáscar”. Regresó Riva-Agüero a Madrid poco
antes de la guerra de independencia contra la invasión francesa y tomó parte en
algunos encuentros al iniciarse aquella contienda. Ante la noticia de la muerte
de su padre, volvió al Perú por la vía de Buenos Aires en 1809. En Montevideo
fue apresado por corto tiempo por orden del gobernador Elío, por sospechoso; en
Buenos Aires tuvo que escaparse ocultamente, pues se le iba a obligar a
regresar a España; algo análogo ocurriole en Mendoza. Radicado en Lima, estuvo
bajo constante vigilancia y, a veces, hasta perseguido; y lo salvó la
intervención de poderosos parientes y amigos. Ingresó en el Tribunal Mayor de
Cuentas como contador y juez del ramo de suertes y loterías en Cádiz, en 1813,
publicó un folleto anónimo sobre su desorden. Destituido y enjuiciado por
haberse interceptado unas comunicaciones que dirigía a San Martín, fue
confinado en Tarma, en la región andina. Era ya entonces el agente secreto de
las juntas separatistas de Buenos Aires y Chile y dirigía la Logia de Lima que
funcionaba en su casa o en la del conde de la Vega del Ren. En 1816 escribió el
folleto Manifestación histórica y política de la Revolución de América,
publicado anónimamente en Buenos Aires en 1818 y conocido con el nombre del
folleto de las “veintiocho causas”. De 1820 es su folleto Origen de que los
mandones y tiranos del Perú me consideren enemigo de ellos. Toda la actividad
de Riva-Agüero y de otros conspiradores no pudo alterar el hecho de que, como
el Perú era el centro del poder español en América del Sur, no solo resultó el
baluarte de la resistencia colonial, sino suplió a la metrópoli mientras esta
no podía atender a la defensa de ultramar, al proporcionar las fuerzas que
dominaron, durante un tiempo, los estallidos subversivos en los países vecinos.
El plan de campaña que San Martín siguió en la expedición libertadora le fue enviado
por Riva-Agüero. Entonces este fue juzgado por un consejo de guerra de
oficiales generales que presidió el general La Serna. Mediante diversos medios
persuasivos, Riva-Agüero introdujo la deserción en las tropas realistas; y a
muchos de los desertores hacía conducir por sendas extraviadas, hasta lograr
incorporarlos a las guerrillas de los independientes; algunos refugiábanse en
sus haciendas para ser luego habilitados y conducidos sin riesgo. Además,
estuvo conectado con numerosos agentes, aun en los centros mismos del gobierno
español. Frecuentes fueron los avisos que dio durante la campaña alrededor de
Lima a San Martín y a los jefes de guerrillas; ellos ayudaron a llevar al
desastre a la división Ricafort y a la expedición del Virrey a Pasco, y a
frustrar la sorpresa del general español Valdés desde Aznapuquio, cuando San
Martín estaba en Retes. Contribuyó también a producir la división y el
desacuerdo entre los propios generales españoles e introdujo en el cuartel
general y en el ejército espías dobles. Presidente (o sea prefecto) del
Departamento de Lima durante el gobierno de San Martín, fue Riva-Agüero enemigo
del ministro Monteagudo, de quien se creía perseguido. Unió sus fuerzas a las
de los republicanos doctrinarios y el 25 de julio de 1822 se produjo un motín
en la capital, para pedir la deposición de Monteagudo, ante la noticia de que
iban a realizarse nuevos destierros con el fin de fraguar impunemente las
elecciones de diputados del Congreso ya convocadas. San Martín estaba ausente,
pues había ido a Guayaquil para celebrar su célebre entrevista con Bolívar; y
el gobernante interino, marqués de Torre Tagle, accedió a la deposición. Luego,
el 30 de julio, convino en la expatriación del ministro. Riva-Agüero publicó el
folleto Lima justificada en el suceso del 25 de julio, con motivo de estos
acontecimientos. El suceso del 25 de julio señaló, pues, la primera victoria de
los republicanos; pero fue el fruto de una coalición entre ellos, Riva-Agüero y
dispersos elementos enemistados con Monteagudo por sus medidas contra los
españoles, por su arrogancia o por sus costumbres libertinas. Eventual había
sido esta coalición entre Riva-Agüero y los republicanos. Cuando, poco después
de la caída de Monteagudo, se retiró San Martín del Perú, el inquieto caudillo
limeño no quedó satisfecho con la acción (o, mejor dicho, la inacción) del
Congreso y de su fantasmagórica Junta, y logró finalmente la Presidencia.
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