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    viernes, 24 de noviembre de 2023

    El primer choque entre Parlamento y Militarismo

    EL PRIMER CHOQUE ENTRE PARLAMENTO Y MILITARISMO

    Después de la jornada de Moquegua, pudo creerse que los españoles recuperarían Lima. De aquella época es la famosa burla salida del campamento español:

    El Gobierno creado por el “Congresito” se fue, en efecto. Pero no por acción de los españoles, sino por obra del mismo ejército que contra estos combatía. A la guarnición de Lima se le debían dos sueldos y los que se les había pagado hasta diciembre eran, en sus tres cuartas partes, en plata y una en cobre. Sus bajas no habían sido debidamente reemplazadas. El fracaso en la campaña del sur, o sea en la primera campaña de Intermedios, hizo temer que las tropas españolas que estaban en Jauja pudieran apoderarse de Lima y el Callao. “Siendo el desaliento general en las tropas que guarnecían a Lima y mucho mayor en el vecindario, no se ocupaba cada patriota sino del modo como se verificaría su emigración a otro país”, dice Riva Agüero en su exposición publicada en Londres en 1824. Arenales se negó a encabezar el alzamiento y se alejó del Perú. Con fecha 26 de febrero de 1823, firmaron en Miraflores una solicitud al Congreso el general del ejército del Perú, Andrés Santa Cruz; el coronel del W1, Agustín Gamarra; el coronel de Cazadores del Perú, Ramón Herrera; el coronel de Húsares, Francisco de Brandsen; el coronel del N.º 2 del Perú, Félix Oyarzábal; el teniente coronel del N.º 1, Juan Bautista Eléspuru y los jefes Antonio Gutiérrez de la Fuente, Ángel Antonio Salvadores, Ventura Alegre, José María Plaza, Salvador Soyer, Eugenio Garzón y Enrique Martínez. Dijeron en ese documento que la Junta Gubernativa no tuvo nunca la confianza de los pueblos ni del ejército; que no son los cuerpos colegiados los que pueden obrar con secreto, actividad y energía, en momentos críticos; invocaron otras razones más para pedir la designación de un “jefe supremo que ordene y sea velozmente obedecido”. El nombre de este jefe supremo figuraba en la comunicación: “el señor coronel D. José de la Riva Agüero parece ser el indicado para merecer la elección de Vuestra Soberanía”. La creación del tribunal de seguridad para juzgar los delitos políticos y la ampliación de sus tareas no fueron, pues, suficientes para impedirlos. El Congreso se sintió sin libertad para deliberar y adoptó la resolución de contestar por escrito a los reclamantes, manifestándoles que había aplazado la discusión para el día siguiente porque no convenía al estado de la tranquilidad pública efectuarla a media noche. Pero al pronunciamiento militar se unió la agitación pública. Un memorial encabezado por Mariano Tramarría, encontró muchas firmas para apoyarlo. Otra presentación fue enviada al Congreso por las milicias cívicas acuarteladas en Bellavista, cuyo subinspector general era el conde de San Donás, Juan de Berindoaga. Parecía haber surgido un movimiento plebiscitario. Las tropas se movilizaron el 27 desde sus acantonamientos hasta la hacienda de Balconcillo, a media legua de Lima. Desde allí una nueva representación, muy cortés en su forma, fue enviada al Congreso. “La sabiduría y prudencia de Vuestra Soberanía pesará los motivos que impulsan el anhelo con que aguarda el ejército, el decreto que asegura la libertad del Perú”, decíase allí. Y agregábase, acaso, irónicamente: “El ejército protesta, entre tanto, su más profundo amor y respeto a la Representación Nacional que ha jurado sostener”. Una bulliciosa muchedumbre, azuzada por Mariano Tramarría, se había reunido en los alrededores del local de la Universidad en el que sesionaba el Congreso, y apoyaba la acción militar.

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