FRACASO DE LA EXPEDICIÓN A INTERMEDIOS
La
segunda expedición a Intermedios, conducida a Arica por la escuadra peruana al
mando de Guisse y casi toda con jefes ingleses, no cumplió sus objetivos. El
contingente chileno que debía colaborar en la campaña no Llegó. Tampoco actuó
una división que tenía el propósito de marchar de Lima a Jauja. El jefe del
ejército, general Santa Cruz, cometió el error de dividir sus fuerzas y
arriesgó la batalla de Zepita con las tropas realistas el 27 de agosto de 1823,
en donde quedó dueño del campo e infligió al enemigo mayores pérdidas, pero no
aprovechó los resultados de este encuentro. Intervinieron también las
desavenencias políticas y personales, puesto que hubo recelos entre Santa Cruz y
Sucre (cuya división auxiliar colombiana se demoró en viajar y no llegó a
participar en la lucha). Además, las fuerzas realistas se unieron
oportunamente. En suma, la campaña fue una sucesión de marchas y contramarchas,
calificadas con el nombre de la “campaña del talón” y terminó con la retirada
del ejército expedicionario peruano, casi aniquilado. Bolívar había previsto
con lucidez maravillosa la suerte que le estaba deparada en una carta que
escribió a Sucre el 23 de marzo, a la que perteneció esta frase: “La expedición
de Santa Cruz es el tercer acto y la catástrofe de la tragedia del Perú... ”.
Un grupo de jefes reunido en Arica (entre los que estaban Martín Jorge Guisse,
Salvador Soyer, Luis José de Orbegoso y Carlos García del Postigo) se dirigió a
San Martín para invitarlo a volver al Perú (28 de setiembre). San Martín
contestó desde Mendoza. “Sin perder un solo momento (dijo) cedan de las quejas
o resentimientos que puedan tener; reconózcase la autoridad del Congreso, malo,
bueno o como sea, pues los pueblos lo han jurado; únanse como es necesario y
con este paso desaparezcan los españoles del Perú y después, matémonos unos
contra otros, si este es el desgraciado destino que espera a los patriotas.
Muramos, pero no como viles esclavos de los despreciables y estúpidos españoles,
que es lo que irremediablemente va a suceder”. Si su opinión era aceptada, es
decir, si recibía la contestación de los jefes en el sentido de que habían
reconocido la autoridad del Congreso, estaba San Martín dispuesto a sacrificar
su vida privada. “¡Únanse como es necesario!” Este requerimiento no fue
escuchado.
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