• Nuevos Post

    sábado, 25 de noviembre de 2023

    Negociaciones de Riva Aguero con el Virrey y con Bolívar

    NEGOCIACIONES DE RIVA-AGÜERO CON EL VIRREY Y CON BOLÍVAR

    Riva-Agüero, entre tanto, estaba realizando activas gestiones ante Chile, ante el Virrey y ante Bolívar. A Chile envió al coronel Juan Manuel Iturregui que entró en público entredicho con el representante de Tagle, general Juan Salazar. En vano trató el gobierno de Santiago de cortar este debate. Llegó a reconocer a ambos regímenes, o sea, al presidente de Lima y al presidente de Trujillo.

    Las negociaciones de Riva-Agüero con el Virrey resultaron facilitadas por las noticias de haberse firmado una convención preliminar de paz, entre España y el gobierno de Buenos Aires, dirigido por Rivadavia; y de haberse enviado desde la metrópoli, dominada entonces por el partido liberal (entre cuyos miembros estaba el limeño José María de Pando) un comisionado con el mismo propósito a México. Primeramente, propuso Riva-Agüero a La Serna la celebración de un armisticio de dieciocho meses mientras se arreglaba en forma definitiva la paz con España, comprometiéndose a despedir a las tropas auxiliares; en el caso de que estas o sus jefes se resistiesen, los ejércitos españoles y peruanos las obligarían por la fuerza a abandonar el país (8 de setiembre). El Virrey, alentado por los resultados de la campaña del sur que había terminado con la disolución del ejército patriota y afirmando que no sabía con quién tratar, pues veía a Tagle de presidente, a Riva-Agüero desposeído de la Presidencia y a Bolívar con el carácter de dictador, presidente o generalísimo, no creyó conveniente aceptar estas propuestas; pero indicó su buena disposición para oír cuantas se le hicieran, si se tenía en consideración la preponderancia de las armas realistas, la situación particular del ex presidente y el beneficio de ambos países. Para abrir las negociaciones autorizó al mariscal de campo Loriga. Esta respuesta cayó en poder de los guerrilleros patriotas y fue remitida a Bolívar. Por iniciativa de Riva-Agüero, el Senado de Trujillo remitió una comunicación al Libertador en que le enviaba votos por su felicidad y se ponía a sus órdenes. “El presidente de la República (decía allí) ha evitado hasta hoy la disolución de este cuerpo naciente (el Perú) y conjurado la tempestad, conservando el centro y la unidad con los pueblos y los ejércitos; y en concepto del Senado ha fenecido la cuestión con la llegada de V. E. a esa ciudad”. Bolívar, que ya había aceptado el encargo del Congreso para que terminaran las ocurrencias provenientes de la continuación del gobierno de Riva-Agüero tras de haber sido destituido por la resolución que luego ratificó la Asamblea, no obstante haber sido disuelta, escribió al presidente de Trujillo, el 4 de setiembre, una carta lapidaria. “Yo creo (afirmó) que es ya inútil entrar en la investigación del origen y causa de la contienda de U. con el Congreso; y mucho más calificar sus propiedades y carácter. El hecho es que U. se halla en guerra abierta con la representación nacional de su patria: esta representación fue convocada por el fundador de su libertad; ella ha sido reconocida por todas las autoridades y el pueblo peruano; Ud. mismo debió el nombramiento de su presidencia a la autoridad del Congreso; luego parece fuera de duda que los escogidos de la nación no pueden ser revocados por ningún ciudadano, cualquiera que sea su condición, todavía menos por Ud. que fue uno de los primeros agentes del establecimiento de la representación popular y como Presidente le ha prestado solemnemente juramento de obediencia” ... “No dude Ud. (agregaba más adelante) que el suceso de Trujillo es la mancha más negra que tiene la revolución; y por consiguiente Ud. no debe esperar más que maldiciones en América y juicios de desaprobación en Europa”. Pero, a pesar de ello, le ofreció su amistad y su protección y nombró al coronel colombiano Urdaneta y al doctor José María Galdiano para que buscaran un acuerdo (4 de setiembre). Ambos comisionados llegaron a Huaraz y se entrevistaron con los generales rivagüerinos Ramón Herrera y José María Novoa. A nombre del Congreso y del Libertador, ofrecieron la más honrosa y absoluta amnistía; los generales, jefes y oficiales conservarían sus grados, empleos y destinos militares; el general Herrera quedaría con el mando del ejército del norte; Riva-Agüero podía retirarse a su casa tranquilamente y hallaría en Colombia un generoso asilo si no deseaba permanecer en el Perú; variadas las circunstancias, estaba expedito su derecho de volver a su patria con el empleo de Gran Mariscal. Aliado de estas concesiones, la propuesta exhibía un tono no solo inamistoso sino agresivo, calificando de “crimen que deshonra a su autor” el empeño de Riva- Agüero de mantener su autoridad que el régimen legítimo combatía y considerándolo “inútil, pues no la tolerarán los auxiliares del Perú y menos aún el gobierno de Colombia que no dará jamás el escandaloso y funesto ejemplo de proteger disidencias ni de reconocer facciones que se levantan contra el gobierno”. Herrera y Novoa transmitieron la respuesta de Riva-Agüero. En ella habló de la falta de representación del Congreso, rechazó la amnistía porque no se trataba de criminales y dejó comprender que no era papel de los auxiliares impedir a los peruanos el justo y debido ejercicio de la soberanía. Al mismo tiempo, Riva-Agüero indicó las bases de avenimiento que más equitativas le parecieron. Ellas comprendían su dimisión de la Presidencia para siempre; la renuncia a su grado y condecoraciones; la disolución del Congreso y del gobierno de Tagle; la elección de un nuevo jefe Supremo y un nuevo Poder Legislativo; garantías para el ejército y los empleados que seguían obedeciendo al primer presidente peruano (21 de setiembre). Las negociaciones de Bolívar con Riva-Agüero continuaron. Este hizo viajar a Lima al coronel Antonio Gutiérrez de la Fuente con el propósito de solicitar que se ampliasen los poderes de los comisionados con el fin de proseguir las conferencias en Pativilca, lugar situado a una conveniente distancia entre Trujillo y la capital. Ya en esta ciudad, se percató La Fuente de la opinión pública favorable al Congreso, recibió la seducción de la personalidad genial de Libertador y del señorío de Tagle y supo que el ejército de Santa Cruz estaba deshecho y que sus restos, la división de Sucre y los auxiliares de Chile podían formar una nueva fuerza a la que pronto se unirían nuevos contingentes colombianos. Averiguó también que Riva-Agüero estaba en tratos con La Serna. Bajo tales impresiones (y recordando, según dijo en su manifiesto más tarde, que el presidente le había dicho confidencialmente que era preferible unirse a los españoles que someterse a Bolívar) propuso un arreglo fuera de las instrucciones que se le había dado. Bolívar aceptó con algunas modificaciones los doce puntos que la Fuente formuló. Aparecía allí que RivaAgüero había de reconocer la autoridad del Congreso y la de Tagle y quedaría con el mando del ejército en su rango de Gran Mariscal, o sería nombrado en una misión en Europa, siendo válidos todos sus actos y olvidándose las disensiones (20 de octubre). Riva-Agüero cometió una vez más el error de no aprovechar la oportunidad que se le deparaba de retirarse de la escena y prohibió que circulase el proyecto. El Libertador llegó a pedir a Riva-Agüero que, con motivo de haber regresado Sucre, después de dejar su división en Pisco, y considerando que estaban próximas a volver a Lima la división chilena y los restos de la de Santa Cruz, se unieran ambos caudillos para dirigirse al centro (25 de octubre). La respuesta de Riva-Agüero tuvo carácter dilatorio. Paralelamente, continuaron las comunicaciones de Riva-Agüero y el Virrey. La que envió el presidente peruano el 3 de noviembre fue muy lejos. Planteó allí el establecimiento del reino del Perú, colocando en el trono un príncipe español designado por el monarca de la antigua metrópoli; se establecía de inmediato una regencia bajo la presidencia de La Serna y aceptando la Constitución española. La igualdad de derechos entre españoles y peruanos debía ser una de las normas básicas del nuevo Estado. El comercio de España tendría carácter privilegiado por un tratado especial. Reunidos en Pativilca los comisionados de Bolívar con los de Riva-Agüero, presentaron estos el12 de noviembre nuevas propuestas para que cesaran ambos gobernantes y el Congreso. Debía nombrarse un Ejecutivo interino por los diputados, los miembros del Senado y los representantes de ambos ejércitos y procederse a una nueva elección de presidente y de diputados por los departamentos libres. Prometía, además, Riva-Agüero entregar el mando militar a Bolívar y alejarse con una comisión diplomática en Londres. Pero, a la vez, solicitaba garantías para las tropas peruanas; el mantenimiento de dichos contingentes reunidos en un cuerpo de ejército bajo las órdenes de un jefe de este mismo país; la necesidad de justas causas para llegar a la remoción de sus oficiales y su subrogación por otros que fueran sus paisanos; la reintegración de las bajas con elementos nacionales. Podrá parecer para algunos equitativa esta fórmula, pero era irrealizable en lo que concernía al gobierno del país. Según ella se revocaban los poderes de los representantes parlamentarios que habían dado legalidad a la autoridad de Bolívar, desaparecía la dictadura de este que las circunstancias hacían inevitable; las dos partes eran presentadas como teniendo fuerzas iguales. Los comisionados de Bolívar declararon que el Congreso hallábase bajo la protección del Libertador, que había ofrecido perdón a Riva-Agüero y a su bando, al que llamaba “partido de parricidas”. Pero luego Bolívar ofreció conceder una entrevista al presidente que residía en Trujillo.

    No hay comentarios:

    Publicar un comentario

    Fashion

    Tecnología

    Culture