LOS ESPAÑOLES EN LIMA
Los
españoles permanecieron en Lima del 13 de junio al 16 de julio. Al evacuar la
capital aumentaron su equipaje con un cuantioso botín. Extrajeron la plata
labrada de la Catedral, de Santo Domingo y de otras iglesias; se llevaron las
máquinas y útiles de la Casa de Moneda, quemando lo que no podían conducir;
saquearon la Biblioteca Nacional; emplearon como leña para sus ranchos las
puertas y ventanas de una casa rural de Tagle; arrancaron al afligido
vecindario grandes cantidades de dinero, paños, brin y otros artículos, con
amenazas de incendio y saqueo y cometieron no pocas tropelías más. En contraste
con la virulencia de las pasiones partidistas que perturbaban a los grandes
personajes de la causa de la Independencia en esos días sombríos, surgió el
sacrificio del humilde pescador chorrillano José Silverio Olaya. Llevaba Olaya
correspondencia de los patriotas entre Chorrillos y Callao. Apresado, no reveló
sus secretos y fue fusilado y degollado en la Plaza de Armas de Lima (29 de
junio de 1823). No solo debe considerársele como un símbolo del heroísmo
patriótico de los humildes sino, también, de silenciosa inmolación por la
promesa imbíbita en la patria que otros anarquizaban. Un bando del general
Tomás Guido, gobernador interino de la capital, obligó, bajo severas penas, al
patrullaje de los menores de 70 años; a la iluminación de las casas en la
noche; a la pena de muerte para quienes robaran; a la entrega de las armas y
cabalgaduras en poder de los vecinos; al regreso de los esclavos al dominio de
sus amos; a la presentación de los desertores de ambos ejércitos; a un severo
sistema de pasaportes para salir de la ciudad o entrar en ella (16 de julio).
Otro bando reorganizó las milicias. Uno adicional ordenó a todo individuo que
tuviera en su poder bienes de los enemigos o de los emigrados que informase a
la comisión de secuestros bajo pena de confiscación de todas sus propiedades;
lo mismo dispuso para los arrendatarios en análoga situación; estimuló las
denuncias en los casos antedichos y agregó: “Todo el que sepa de los libros
extraídos de la Biblioteca General o de los intereses que de ella faltan, lo
denunciará inmediatamente, en la inteligencia de que tanto el que los tenga
como el que sepa de ellos y no los entregue o denuncie, será expatriado siendo
de clase y no siéndolo, será enrolado en las filas del ejército” (17 de julio).
Un cuarto bando ordenó la aceptación de la moneda de cobre (18 de julio). Y un
quinto dispuso durante varios días iluminación general con repique de campanas
y la celebración de una misa general con tedeum.
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