PRISIÓN Y DESTIERRO DE RIVA-AGÜERO
Riva-Agüero
y Herrera fueron conducidos a Guayaquil por orden de La Fuente. En Guayaquil
estuvieron como cuarenta días. Allí quedaron en un pontón bajo cubierta, sin
camarote ni catre, rodeados de centinelas y resistiendo durante dos días el
humazo que se daba a las ratas. Trasbordados a otro barco, estuvieron otros dos
días sobrecubierta, bajo los ardores del sol y las copiosas lluvias. Llevados,
por último, a una cárcel, les fueron colocados grillos en los pies durante diez
días. El vicealmirante Guisse, entretanto, había llegado a Santa conduciendo a
bordo de sus buques al general Santa Cruz y a los restos de su división.
Intercedió el noble marino inglés reiteradamente a favor de Riva-Agüero y hasta
llegó a preparar una expedición para apoderarse de Guayaquil y libertarlo. Por
fin obtuvo que todos los peruanos que se hallaban presos fueran puestos en
libertad. Riva-Agüero debía marchar a la expatriación, y el importe de su
pasaje a Inglaterra fue pagado por un vecino de Guayaquil.
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