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    sábado, 25 de noviembre de 2023

    La obra de Riva Aguero. Los auxiliares colombianos y el discutido convenio sobre reemplazos

    LA OBRA DE RIVA AGÜERO. LOS AUXILIARES COLOMBIANOS Y EL DISCUTIDO CONVENIO SOBRE REEMPLAZOS

    Uno de los acontecimientos más importantes ocurridos durante el gobierno de Riva-Agüero y que dio lugar a grandes debates posteriormente, fue el convenio sobre auxilios colombianos. Los antecedentes de este asunto son varios. El ministro Monteagudo, que acompañara a San Martín en el Protectorado, se dirigió a Sucre el 23 de junio de 1822 pidiéndole que, junto con la división peruana, cuya participación en Pichincha fuera tan notable, viniesen al Perú “a lo menos mil quinientos o dos mil quinientos colombianos”. Cuando regresó esta división, trajo alrededor de 850 soldados colombianos en reemplazo de sus bajas. Bolívar ofreció a San Martín ayuda militar para el Perú, en la famosa entrevista de Guayaquil. La división colombiana al mando de Juan Paz del Castillo, compuesta por cuatro batallones, llegó a Lima en julio de 1822. En setiembre de 1822, ya en la época de la Junta Gubernativa, ofreció Bolívar cuatro mil hombres más; pero la Junta Gubernativa respondió que solo necesitaba cuatro mil fusiles (octubre de 1822). El clima en el Congreso peruano era entonces de frialdad hacia Colombia, según ya se ha dicho en el capítulo anterior. O’Leary cree, como Restrepo, que los guayaquileños emigrados después de la incorporación de su provincia a dicha República contribuyeron a crear tal ambiente. Paz del Castillo no aceptó la indicación de la Junta para que colaborara en la expedición de Intermedios, y expresó que deseaba tener reunida a su división y que ella no estaba todavía equipada y lista; sus instrucciones decían que debía comprometerla solo con absoluta probabilidad de triunfo y que procurase realizar sus operaciones en territorios de la región norte. En octubre de 1822 ya empezó a exigir que las bajas de sus soldados por causa de muerte, deserción o invalidez fuesen compensadas con peruanos, y pretendió, además, que se diera preferencia a los colombianos enrolados en la antigua división que participara en la campaña de Pichincha. Ello no había sido objeto de un acuerdo escrito; pero Paz del Castillo aseguraba que San Martín le había hecho una oferta verbal. Se quejó, además, de que sus tropas no eran suficientemente atendidas, socorridas y equipadas. Se produjo así, en noviembre y diciembre, un desagradable cambio de notas con el Ministerio de Guerra. Paz del Castillo propuso el texto de un convenio para la permanencia de sus tropas cuyo artículo sobre reemplazo de bajas colombianas con peruanos fue rechazado. Terminó por regresar a su país (enero de 1823). Al asumir el mando Riva-Agüero, pidió a Bolívar, como ya se ha indicado, el envío de los cuatro mil soldados ofrecidos en setiembre de 1822; y mandó como comisionado para ello al general Mariano Portocarrero. Cuando Bolívar respondía en Guayaquil el discurso de presentación del emisario peruano, ya dos mil soldados colombianos habían sido embarcados y los buques que los conducían bajaban el río Guayas. Pocos días después marcharon dos mil más; el acuerdo adoptado entonces fue despachar un total de seis mil hombres que fueron mandados por Sucre hasta la llegada de Bolívar. El convenio sobre auxilios se firmó entre Portocarrero y Paz del Castillo el 18 de marzo de 1823. El Perú se comprometió en ese documento a lo que se había negado en los días de la Junta Gubernativa, o sea al pago de los sueldos, vestuarios, equipo y gastos de regreso de los colombianos; y también a reemplazar las bajas de estos con soldados peruanos. Ramón Herrera, ministro de Riva-Agüero, firmó en Lima otro convenio, más favorable para el Perú, con el coronel colombiano Urdaneta (Lima, 29 de marzo de 1823). Riva-Agüero aprobó este último, pero el gobierno de Colombia, por intermedio de Sucre, gestionó la ratificación lisa y llana del que celebraran Portocarrero y Paz del Castillo, aduciendo que las tropas habíanse movilizado en virtud de él. Dicha ratificación se verificó, al fin, después de no pocos titubeos, el 3 de junio de 1823. En el convenio Herrera-Urdaneta se estipulaba que las bajas de la división de Colombia serían reemplazadas, no con peruanos, como aceptó Portocarrero, sino con los soldados colombianos existentes en los cuerpos del Perú y, en su defecto, con prisioneros españoles. Más tarde, en las conferencias de Guayaquil celebradas en 1829, el plenipotenciario peruano Larrea y Loredo, presentó como argumentos en contra del pacto Portocarrero-Paz del Castillo la falta de autoridad de Riva-Agüero para mandarlo firmar y el carácter informal del documento respectivo; la atingencia de que los reemplazos habían podido ser hechos durante la campaña, pero que no eran procedentes después de ella; y el principio de que no existía poder con facultades suficientes para decretar la expatriación perpetua de un crecido número de ciudadanos inocentes. De las fuerzas colombianas que participaron en las campañas finales de la independencia del Perú volvieron a su patria, según dijo el plenipotenciario Gual en una de dichas conferencias, de cinco a ocho mil. Muchos de ellos eran peruanos de nacimiento en virtud del arreglo sobre reemplazos.

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